

La Fundación Monseñor Di Pasquo toma su nombre del primer Obispo de Avellaneda. Esta es una breve biografía suya.
Monseñor Emilio Antonio Di Pasquo fue el primer obispo de Avellaneda, diócesis creada por el Beato Papa Juan XXIII el 10 de abril de 1961 con la Bula Cum Regnum Dei. Siendo obispo de San Luis fue trasladado a la nueva sede el 14 de junio de 1961, y tomó posesión de la misma el 15 de agosto de ese año. Falleció el 9 de abril de 1962.
El ilustre prelado era oriundo de la Capital Federal. Había nacido el 23 de diciembre de 1899 y su vocación sacerdotal se manifestó desde la niñez. En la Universidad Pontificia de Villa Devoto se doctoró en filosofía y posteriormente, en la Gregoriana de Roma, en teología y derecho canónico. Se ordeno Sacerdote en la Ciudad Eterna el 20 de diciembre de 1924
Su primer ministerio comienza en las parroquias de Santa Julia y Balvanera como teniente cura y más tarde como Párroco en la Parroquia del Perpectuo Socorro, ubicada en Villa Luro, barriada eminentemente obrera, que le permitió conocer de cerca las angustias y las esperanzas de las clases más humildes. La trascendencia de su obra misionera le condujo luego a la sede episcopal de San Luis. La ordenación episcopal se realizó en la Catedral de Buenos Aires el 15 de noviembre de 1946, de manos del nuncio apostólico monseñor José Fietta, actuando como consagrantes dos de sus compañeros de estudios: monseñor Anunciado Serafini, obispo de Mercedes y monseñor Tomás J. Solari a la sazón obispo auxiliar de Buenos Aires.
Monseñor Di Pasquo, fue un pastor que orientó su actuación especialmente hacia el campo de los problemas sociales de los que fue un profundo conocedor y que tuvo ocasión de aplicar especialmente en una ciudad y un partido como el de Avellaneda, en que predominaba la masa trabajadora con los problemas sociales conexos. Es conocido de todos a este respecto sus antecedentes al servicio de la Juventud Obrera Católica (JOC) .
La comunidad de Avellaneda sabía de sus altas prendas morales, de su vasta erudición, de su talento poco común, pero el mismo día de su presentación a la grey que congregada en la avenida Mitre le aclamaba, cautivó a la muchedumbre cuando anunció, a través de los micrófonos, su decisión de conducir a la diócesis por las sendas de la verdad y de la paz y Avellaneda supo que tenía el guía espiritual que necesitaba. Por eso se recuerdan sus palabras en esa inolvidable circunstancia: "Seré el mensajero de la paz de Cristo en este pueblo, por encima de todas las diferencias, para que los brazos de la Cruz sean el punto de unión de todos". Y no sembró en vano, aunque corto fue trascendental su mandato porque la siembra fructificó y hasta hoy la cordura y la comprensión tienden a prevalecer en los momentos difíciles, ahuyentando las sombras del agravio, el odio y la violencia.
Por estas razones se decidió honrar a la nueva Fundación, dedicada al servicio social en Avellaneda, dándole el nombre de su primer Obispo.